Historia

Fue esta Alta Ribagorza uno de los más antiguos territorios organizados, como condado independiente, del futuro reino de Aragón. Son testimonios artísticos bien evidentes dos monumentos que en este nuestro siglo se convertirán en milenarios. Ambos a poco más de diez kilómetros de aquí: aguas abajo, la catedral de Roda y remontando el Isábena, la iglesia del monasterio benedictino de übarra.

Para la vida de Ribagorza han sido vitales a lo largo de los siglos dos infraestructuras: los puentes y el anhelo y reivindicación de esta carretera en el siglo XX, de trazado difícil, que hasta 1930 terminaba aquí y que no logró atravesar el desfiladero de übarra y ascender hasta el puerto de Bonansa hasta la década de 1970, hace poco más de treinta años.
La carretera, la anhelada carretera fue reivindicación permanente de los ribagorzanos hasta esas décadas tan recientes. ¿Sabían que para promoverla se creó una Sociedad Pro-Carretrea Lascuarre- Vilaller y para hacer oír sus voces de estar comunicados con el progreso aquí, en este humilde pueblo de Serraduy, se llegó a editar desde el año 1927 un periódico que titularon La Voz de Isábena?

Los puentes fueron vitales y muy antiguos. Hoy se han convertido en una aportación pintoresca a sus paisajes. El más bello es el medieval de Capella, luego los de Roda y el de La Puebla de Roda y el más pequeño pero que dio vida y nombre a este barrio de Serraduy, este cercano conocido como el Pon. Más arriba, el muy antiguo de Obarra, reconstruido tras una avenida.

Pues aquí en el de Serraduy, a la entrada misma del puente estuvo la primitiva casa Peix, de los Turmo, que se llamaba con el bonito nombre de casa Mira el Peix, porque desde la puerta veían pasar las truchas bajo el puente.

Allí empezó a dar comidas la primera generación de los Turmo, la muy activa abuela Carmen Peré, a los arrieros, trajineros y viajeros que pasaban del otro valle, del Noguera Ribagorzana, o bajaban y subían a Graus.

A comienzos de los años treinta, cuando la carretera llegó hasta aquí, los Turmo construyeron donde estamos un garaje para el autobús de línea, una bodega para comprar y vender vino y abrieron una cantina.

Será en los años cincuenta cuando se trasladen a vivir aquí y edifiquen José María y su padre el hotel. Fue a buscar una joven, Alegría, a Capella y darán origen a la cuarta generación de los Turmo Torres.

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